"En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesus quiere de vosotros. No extingais el Espiritu; no desprecies las profecias; examinadlo todo y quedados con lo bueno." 1 TESALONISENCES 5: 18-21

El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca." San Lucas 6:45

QUE LA PRECIOSA SANGRE QUE BROTA DE LA SAGRADA CABEZA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, TEMPLO DE LA DIVINA SABIDURIA, TABERNACULO DEL DIVINO CONOCIMIENTO Y LUZ DEL CIELO Y DE LA TIERRA NOS CUBRA AHORA Y SIEMPRE. AMEN+++

“OH JESUS, CUBREME CON TU INFINITA SANGRE PRECIOSA CADA INSTANTE DE MI VIDA. AMEN"


"Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y

escuchará tu oración. Padre Pio"


domingo, 28 de mayo de 2017

NOVENA AL ESPIRITU SANTO. TERCER DIA

NOVENA POR LA UNCION
 DEL ESPIRITU SANTO
       http://www.corazones.org/oraciones/oraciones_espiritu_santo/novena_espiritu_santo.htm
 
Pidamos por una poderosa efusión del Espíritu Santo.
Cristo murió en la Cruz para que nosotros seamos transformados por el Espíritu en hijos de Dios, participando de su santidad. Pero debemos desearlo, pedirlo y disponernos a recibirlo. 

 
TERCER DIA

Rezar cada día de la novena:
Acto de consagración al Espíritu Santo diario:


Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Oración por los 7 dones del Espíritu Santo
Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de Entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo, el Espíritu de Fortaleza para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación, el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el Espíritu de Temor de Dios para que pueda ser lleno de reverencia amorosa hacia Dios y que tema en cualquier modo disgustarlo. Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con tu Espíritu. Amén.
 
TERCER DÍA (Domingo)

   Tú, de todos los consoladores el mejor, visitando el corazón turbado, da la gracia de la placentera paz.El don de Piedad
El don de Piedad suscita en nuestros corazones una filial afección por Dios como nuestro amorosísimo Padre. Nos inspira, por amor a Él, a amar y respetar a las personas y cosas a Él consagradas, así como aquellos que están envestidos con su autoridad, su Santísima Madre y los Santos, la Iglesia y su cabeza visible, nuestros padres y superiores, nuestro país y sus gobernantes. Quien está lleno del don de Piedad no encuentra la práctica de la religión como deber pesado sino como deleitante servicio. Donde hay amor no hay trabajo.

Oración

Ven, Oh Bendito Espíritu de Piedad, toma posesión de mi corazón. Enciende dentro mío tal amor por Dios que encuentre satisfacción sólo en su servicio, y por amor a Él me someta amorosamente a toda legítima autoridad. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
 
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sábado, 27 de mayo de 2017

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. VIGESIMO SEPTIMO DIA

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
S.D. LUISA PICARRETA

 FIAT ! ! !

VIGESIMO SEPTIMO DIA

unnamed MAYO 27 

Oración a la Reina del Cielo
Para cada día del mes de mayo.

Reina Inmaculada, Celestial Madre mía, yo vengo a tus rodillas maternas para abandonarme como tu querida hija entre tus brazos y pedirte con los suspiros más ardientes en este mes a ti consagrado, la gracia más grande: Que me admitas a vivir en el Reino de la Divina Voluntad. Mamá Santa, Tú que eres la Reina de este Reino admíteme a vivir en él como hija tuya, a fin de que ya no esté desierto, sino poblado de hijos tuyos.
 
Soberana Reina, a ti me confío a fin de que Tú guíes mis pasos en el Reino del Querer vino. Teniéndome tomada con tus manos maternas guía todo mi ser para que haga vida perenne en la Divina Voluntad. Tú me harás de Mamá, y como a Mamá mía te hago entrega de mi voluntad a fin de que Tú me la cambies por la Voluntad Divina, y así pueda yo estar segura de no salir de su Reino. Te pido que me ilumines para que yo pueda comprender bien qué significa Voluntad de Dios.

Ave María…   


 

Florecilla del mes: En la mañana, a mediodía y en la tarde, es decir, tres veces al día, ir sobre las rodillas de nuestra Mamá Celestial y decirle: “Mamá mía, te amo; ámame Tú también, da un sorbo de Voluntad de Dios a mi alma y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones bajo tu mirada materna.”

 La Reina de los Dolores en el Reino de la Divina Voluntad. .
Suena la hora del dolor; la pasión, el deicidio. Llanto de toda la naturaleza.

El alma a su Madre Dolorosa:
Mi querida Madre Dolorosa, hoy más que nunca siento la necesidad irresistible de estar cerca de ti, no me separaré de tu lado para ser espectadora de tus intensos dolores y pedirte, como hija tuya, la gracia de que deposites en mí tus dolores y los de tu Hijo Jesús, incluso su misma muerte, para que su muerte y tus dolores me den la gracia de hacerme morir continuamente a mi voluntad y sobre ella hacerme resucitar a la Divina Voluntad.

Lección de la Reina del Cielo:
Queridísima hija mía, no me niegues tu compañía en medio de tanta amargura. La Divinidad ha ya decretado el último día de vida de mi Hijo sobre la tierra. Ya un apóstol lo ha traicionado poniéndolo en manos de los judíos para hacerlo morir. Mi amado Hijo, en un exceso de amor, no queriendo dejar a sus hijos, que con tanto amor vino a buscar a la tierra, se queda en el sacramento de la Eucaristía, para que quien quiera pueda poseerlo. Así que la vida de mi Hijo está por terminar, está por emprender el vuelo hacia su patria celestial. ¡Ah, hija mía, el Fiat Divino me lo dio y yo en el Fiat Divino lo recibí y ahora en el mismo Fiat Divino lo entrego!
Se me rompe el Corazón; mares inmensos de dolor me inundan; siento que la vida se me escapa por el sufrimiento atroz. Pero yo no podía negarle nada al Fiat Divino, es más yo estaba bien dispuesta a sacrificarlo en la Divina y omnipotente Voluntad; yo sentía en mí una fuerza tal, en virtud de la Divina Voluntad, que yo hubiera preferido morir antes que negarle cualquier cosa a la Divina Voluntad.
Ahora, escucha, hija mía; mi Corazón materno se encuentra ahogado en penas, ¡con solo pensar que debe morir mi Hijo, mi Dios, mi Vida, me siento peor que si debiera morir yo misma! No obstante, sé que debo seguir viviendo. ¡Qué aflicción tan grande! ¡Qué profundas heridas se abren en mi Corazón y como espadas bien afiladas me lo traspasan de lado a lado! Sin embargo, hija mía, me duele decírtelo, pero debo hacerlo: en estas penas y desgarros profundos y en las penas de mi Hijo amado estaba tu alma, tu voluntad humana, que no dejándose dominar por la Voluntad de Dios, nosotros la cubríamos con nuestra penas, para que se dispusiera a recibir la vida de la Divina Voluntad.
¡Ah, si el Fiat Divino no me hubiera sostenido y no hubiera continuado donándome sus mares infinitos de luz, de felicidad junto a los mares de mis tremendos dolores, yo habría muerto tantas veces por cuantas penas tuvo que sufrir mi querido Hijo! ¡Oh, cómo me sentí despedazada cuando la última vez que lo vi se me presentó pálido, con una tristeza mortal sobre su rostro! Con voz temblorosa, como si quisiera sollozar me dijo:
« ¡Madre mía, adiós! Bendice a tu Hijo y dame la obediencia de morir; si mi Fiat Divino y el tuyo me concibieron en ti, mi Fiat Divino y el tuyo me deben hacer morir; ánimo, oh, Madre querida, pronuncia tu Fiat y dime: “ te bendigo y te doy la obediencia de morir crucificado, así lo quiere la Divina Voluntad, así lo quiero también yo”. »
¡Hija mía, qué cosa tan terrible para mi Corazón traspasado! Sin embargo, tuve que decirlo, porque en nosotros no existían las penas forzadas, todas eran voluntarias. Entonces, él me bendijo y yo lo bendije a él, y mirándonos con esa mirada que no sabe cómo separarse del objeto amado, mi querido Hijo, mi dulce Vida, partió y yo, tu Madre Dolorosa, lo dejé; pero con los ojos del alma no lo perdí nunca de vista. Lo seguí en el huerto en su tremenda agonía, ¡oh, cómo me sangró el Corazón al verlo abandonado por todos, hasta por sus fieles y amados apóstoles!
Hija mía, el verse abandonado por las personas que uno más quiere es uno de lo dolores más grandes para un corazón humano, especialmente en los momentos más difíciles de la vida, en particular para mi Hijo que los había tanto amado y beneficiado y que estaba en acto de dar la vida por quienes ya lo habían abandonado en las horas extremas de su vida, más aún, habían huido. ¡Qué dolor, qué dolor! Y yo, viéndolo agonizar y sudar sangre agonizaba junto con él y lo sostenía entre mis brazos maternos. Yo era inseparable de mi Hijo; sus penas se reflejaban en mi Corazón deshecho de dolor y de amor y yo las sentía más que si fueran mías.
Así lo seguí durante toda la noche; no hubo pena ni acusación que le hicieran que no hiciera eco en mi Corazón. Pero al alba del día siguiente, no pudiendo más, acompañada por su discípulo Juan, por la Magdalena y otras piadosas mujeres, lo quise seguir paso a paso, de tribunal en tribunal.
Querida hija mía, yo escuchaba el estruendo de los golpes que llovían sobre el cuerpo desnudo de mi Hijo; escuchaba las burlas, las risas satánicas y los golpes que le daban sobre la cabeza cuando lo coronaron de espinas. Lo vi cuando Pilato lo mostró al pueblo, desfigurado e irreconocible, y mis oídos quedaron ensordecidos al oír el grito unánime:
« ¡Crucifícalo, Crucifícalo! »
Lo vi cargando la cruz sobre sus hombros, exhausto, afanado y yo, no pudiendo soportar más, apresuré el paso para acercarme a él y abrazarlo por última vez y enjugar su rostro completamente bañado de sangre, pero… ¡para nosotros no había piedad! Los crueles soldados lo jalaron de las cuerdas y lo hicieron caer.
Hija mía, ¡qué pena desgarradora el no poder socorrer en tantas penas a mi querido Hijo! Cada pena abría un océano de dolor en mi Corazón traspasado. Finalmente lo seguí al calvario, donde, en medio de penas inauditas y contorsiones de lo más terribles fue crucificado y elevado en la cruz; sólo entonces me fue concedido estar a los pies de la cruz para recibir de sus labios moribundos el don de todos mis hijos y el derecho y sello de mi maternidad sobre todas las criaturas. Poco después, entre inauditos espasmos, expiró.
Toda la naturaleza se vistió de luto y lloró la muerte de su Creador. Lloró el sol obscureciéndose y retirándose, horrorizado, de la faz de la tierra; lloró la tierra con un fuerte temblor, desgarrándose en varios puntos por el dolor de la muerte de su Creador; todos lloraron: las sepulturas abriéndose, los muertos resucitando, y también el velo del templo lloró de dolor desgarrándose; todos perdieron el brío y se sintieron aterrorizados y espantados.
Hija mía, tu Madre, petrificada por el dolor, lo esperaba para recibirlo entre sus brazos y encerrarlo en el sepulcro.
Y ahora, escúchame en mi intenso dolor. Quiero hablarte con las penas de mi Hijo de los graves males de tu voluntad humana. ¡Míralo entre mis brazos adoloridos, mira como está desfigurado! Es el verdadero retrato de todos los males que la voluntad humana les causa a las pobres criaturas y mi querido Hijo quiso sufrir tanto para volver a elevar a esta voluntad que se encontraba caída en el abismo de todas las miserias; cada pena de Jesús y cada uno de mis dolores lo llamaban a resucitar en la Voluntad de Dios. Fue tanto nuestro amor que, para poner al seguro a esta voluntad humana, la llenamos de nuestras penas hasta ahogarla y encerrarla en los mares inmensos de mis dolores y de los de mi amado Hijo.
Hija mía, este día de dolores para tu Madre es todo para ti; por eso, para corresponderme, pon en mis manos tu voluntad, para que la encierre en las llagas sangrantes de Jesús, como la más bella victoria de su pasión y muerte y triunfo de mis intensos dolores.
El alma:
Madre Dolorosa, tus palabras hieren mi corazón y me siento morir al escuchar que mi rebelde voluntad ha sido la que te ha hecho sufrir tanto. Por eso, te ruego que la encierres en las llagas de Jesús, para vivir de sus penas y de sus intensos dolores.
Propósito:
Para honrarme en este día, besarás las llagas de Jesús ofreciéndole cinco actos de amor y pidiéndome que mis dolores sellen tu voluntad en la apertura de su costado.
Jaculatoria:
« Las llagas de Jesús y los dolores de mi Madre me den la gracia de hacer resucitar mi voluntad en la Voluntad de Dios. »


 MEDITACION VIGESIMO SEPTIMO DIA
Por Sacerdote Oscar Rodriguez
 

EVANGELIO DEL DIA Y COMENTARIO. 27 DE MAYO DE 2017

Del Santo Evangelio según San Juan 16,23b-28.
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Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.
Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes,
ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre".
 
Leer el comentario del Evangelio por
San Anselmo (1033-1109), benedictino, arzobispo de Canterbury, doctor de la Iglesia
Proslogion, 26

«Os llenaréis de gozo»
      Señor Dios mío, mi esperanza y gozo de mi corazón, di a mi alma si su gozo es el mismo que nos has dicho por medio de tu Hijo: «Pedid y recibiréis y vuestro gozo será completo». En efecto, he encontrado un gozo completo y más que completo, porque el corazón, el espíritu, el alma, todo mi ser se ha llenado de este gozo y veo que todavía crecerá sin medida. No es que sea él el que va a entrar en los que se alegran, sino que más bien serán ellos los que entrarán en él con todo su ser.

      ¡Habla, Señor! Di a tu servidor, en el fondo de su corazón, si el gozo que experimento es el mismo gozo en el que entrarán los que gustarán el mismo gozo que su maestro (Mt 25,21). Mas, si este gozo que experimentarán tus siervos «ningún ojo vio, ningún oído escuchó, ni el corazón del hombre puede pensarlo» (1C 2,9), te pido, Dios mío, me concedas conocerte, amarte, para que mi gozo sea estar en ti.

      Y si en esta vida no lo puedo obtener plenamente, hazme adelantar de manera que un día entre plenamente en este tu gozo. Que crezca aquí abajo mi conocimiento de ti para que pueda llegar a la plenitud donde tú estás. Que mi amor aquí, crezca a fin de ser total allá arriba. Que ahora mi gozo sea inmenso en esperanza, para ser entonces total en realidad. Señor, tú quieres que por tu Hijo te pidamos, y nos prometes recibir lo que pedimos a fin de que nuestro gozo sea completo... ¡Haz crecer en mí el hambre de este gozo, para que entre en él!

 

NOVENA AL ESPIRITU SANTO - SEGUNDO DIA

NOVENA POR LA UNCION
 DEL ESPIRITU SANTO
       http://www.corazones.org/oraciones/oraciones_espiritu_santo/novena_espiritu_santo.htm
 
Pidamos por una poderosa efusión del Espíritu Santo.
Cristo murió en la Cruz para que nosotros seamos transformados por el Espíritu en hijos de Dios, participando de su santidad. Pero debemos desearlo, pedirlo y disponernos a recibirlo. 

 
SEGUNDO DIA

Rezar cada día de la novena:
Acto de consagración al Espíritu Santo diario:


Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Oración por los 7 dones del Espíritu Santo
Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de Entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo, el Espíritu de Fortaleza para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación, el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el Espíritu de Temor de Dios para que pueda ser lleno de reverencia amorosa hacia Dios y que tema en cualquier modo disgustarlo. Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con tu Espíritu. Amén.
 
SEGUNDO DÍA (Sábado) ¡Ven, Padre de los pobres. Ven, tesoros que sostienes. Ven, Luz de todo lo que vive!El don del Temor
El don del Santo Temor de Dios nos llena con un soberano respeto por Dios, y nos hace que a nada temamos más que a ofenderlo por el pecado. Es un temor que se eleva, no desde el pensamiento del infierno, sino del sentimiento de reverencia y filial sumisión a nuestro Padre Celestial. Es el temor principio de sabiduría, que nos aparta de los placeres mundanos que podrían de algún modo separarnos de Dios. “Los que temen al Señor tienen corazón dispuesto, y en su presencia se humillan” (Ecl 2,17).

Oración

¡Ven, Oh bendito Espíritu de Santo Temor, penetra en lo más íntimo de mi corazón, que te tenga, mi Señor y Dios, ante mi rostro para siempre, ayúdame a huir de todas las cosas que te puedan ofender y hazme merecedor ante los ojos puros de tu Divina Majestad en el Cielo, donde Tú vives y reinas en unidad de la siempre Bendita Trinidad, Dios en el mundo que no tiene fin. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
 
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viernes, 26 de mayo de 2017

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. VIGESIMO SEXTO DIA

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
S.D. LUISA PICARRETA

 FIAT ! ! !

VIGESIMO SEXTO DIA
 
Dia 26 web

Oración a la Reina del Cielo
Para cada día del mes de mayo.

Reina Inmaculada, Celestial Madre mía, yo vengo a tus rodillas maternas para abandonarme como tu querida hija entre tus brazos y pedirte con los suspiros más ardientes en este mes a ti consagrado, la gracia más grande: Que me admitas a vivir en el Reino de la Divina Voluntad. Mamá Santa, Tú que eres la Reina de este Reino admíteme a vivir en él como hija tuya, a fin de que ya no esté desierto, sino poblado de hijos tuyos.
 
Soberana Reina, a ti me confío a fin de que Tú guíes mis pasos en el Reino del Querer vino. Teniéndome tomada con tus manos maternas guía todo mi ser para que haga vida perenne en la Divina Voluntad. Tú me harás de Mamá, y como a Mamá mía te hago entrega de mi voluntad a fin de que Tú me la cambies por la Voluntad Divina, y así pueda yo estar segura de no salir de su Reino. Te pido que me ilumines para que yo pueda comprender bien qué significa Voluntad de Dios.

Ave María…   


 

Florecilla del mes: En la mañana, a mediodía y en la tarde, es decir, tres veces al día, ir sobre las rodillas de nuestra Mamá Celestial y decirle: “Mamá mía, te amo; ámame Tú también, da un sorbo de Voluntad de Dios a mi alma y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones bajo tu mirada materna.”

 La hora del dolor se aproxima; dolorosa separación. Jesús en su vida pública y apostólica.

El alma a su Madre Celestial:
Aquí estoy de nuevo junto a ti Madre mía y Reina mía; hoy mi amor de hija me hace correr para ser espectadora de cuando mi dulce Jesús, separándose de ti, emprenda el camino para llevar a cabo su vida apostólica entre las criaturas.
Madre Santa, sé que sufrirás mucho, cada momento que estarás separada de Jesús te costará la vida, y yo, tu hija, no quiero dejarte sola, quiero secarte las lágrimas y con mi compañía, quiero romper tu soledad; y mientras estemos juntas tú seguirás dándome tus lecciones sobre la Divina Voluntad.

Lección de la Reina del Cielo:
Querida hija mía, me será muy agradable tu compañía, porque sentiré en ti el primer don de mi Jesús, don formado de puro amor, fruto de su sacrificio y del mío, don que me costará la vida de mi Hijo.
Préstame atención y escúchame, hija mía; para tu Madre comienza una vida de dolor, de soledad y de largas separaciones de mi Sumo Bien, Jesús. Su vida oculta ha terminado, y ahora siente la irresistible necesidad de amor de salir en público, de darse a conocer y de ir en busca del hombre, perdido en el laberinto de su voluntad, a merced de todos los males. El querido San José ya había muerto y yo me quedé sola en la pequeña casita de Nazareth.
Cuando mi amado Jesús me pidió la obediencia de partir, pues nunca hacía nada si antes no me lo decía, yo sentí que se me desgarraba el Corazón, pero sabiendo que esa era la Voluntad Suprema, yo dije de inmediato mi Fiat, no vacilé ni un instante, y con el mío y el Fiat Divino de mi Hijo, nos separamos. En el ímpetu de nuestro amor me bendijo y me dejó. Yo lo acompañé con la mirada hasta donde pude y después, regresando, me abandoné a la Divina Voluntad que era mi vida. Pero, ¡oh potencia del Fiat Divino! Esta Santa Voluntad Divina hizo que yo no perdiera nunca de vista a mi Hijo, ni que él me perdiera a mí de vista, es más, yo sentía el palpitar de su Corazón en el mío y Jesús el mío en el suyo.
Hija querida, la Divina Voluntad me había dado a mi Hijo y lo que la Divina Voluntad da no está sujeto a acabarse ni a sufrir separación; sus dones son permanentes y eternos. De manera que mi Hijo era mío, nadie me lo podía quitar: ni la muerte, ni el dolor, ni la separación, porque fue la Divina Voluntad que me lo donó. Así que nuestra separación era aparente, pues estábamos fundidos el uno en el otro, tanto más que una era la Voluntad que nos animaba, ¿cómo podíamos entonces separarnos?
Tú debes saber que la luz de la Divina Voluntad me hacía ver como trataban mal a mi Hijo ¡con cuanta ingratitud! El dirigió sus primeros pasos hacia Jerusalén y el primer lugar que visitó fue el templo santo, ahí comenzó la serie de sus predicaciones. Pero, ¡qué dolor! Su palabra llena de vida, portadora de paz, de amor y de orden, era mal interpretada y escuchada de mala gana, especialmente por los doctos y sabios de aquellos tiempos. Cuando mi Hijo decía que era el Hijo de Dios, el Verbo del Padre, aquél que había venido a salvarlos, lo tomaban a mal, tanto que con sus miradas furibundas parecía que se lo querían comer vivo. ¡Oh, cómo sufría mi amado Jesús! Rechazando su palabra creadora le hacían sentir la muerte que le daban a su divina palabra; yo estaba sumamente atenta, contemplando su Divino Corazón que sangraba y le ofrecía mi Corazón materno para recibir sus mismas heridas, para confortarlo y darle un apoyo cuando estaba por sucumbir.
¡Oh, cuántas veces después de haber desmenuzado su palabra lo veía olvidado por todos, sin que nadie le ofreciera un consuelo, totalmente solo, afuera de los muros de la ciudad, al abierto, bajo el cielo estrellado apoyado a un árbol llorando y rogando por la salvación de todos! Y tu Madre, querida hija mía, desde su casita lloraba junto con él y en la luz del Fiat Divino le mandaba mis lágrimas para reanimarlo, mis castos abrazos y mis besos para confortarlo.
Mi amado Hijo al verse rechazado por los grandes, por los doctos, no se detuvo; ¡no podía detenerse! Su amor corría porque quería almas; se rodeó entonces de pobres, de afligidos, de enfermos, de cojos, de ciegos, de mudos y de otras pobres criaturas oprimidas por tantos males; todos imágenes de los males producidos por la voluntad humana. Jesús los sanaba a todos y a todos consolaba e instruía. De manera que vino a ser el Amigo, el Padre, el Médico, el Maestro de los pobres.
Hija mía, bien se puede decir que fueron los pobres pastores los que habiendo ido a visitarlo lo recibieron cuando nació, y ahora, son los pobres también quienes lo siguen durante los últimos años de su vida sobre la tierra hasta su muerte, Porque los pobres, los ignorantes, son más sencillos, menos apegados a sus juicios y por lo tanto los más favorecidos, los más bendecidos y los hijos predilectos de mi amado Hijo. Tanto es así que escogió a unos pobres pescadores para que fueran los apóstoles y las columnas de la nueva Iglesia.
Querida hija mía, si te quisiera narrar todo lo que hicimos y sufrimos mi Hijo y yo en estos tres años de su vida pública me extendería demasiado. En el Fiat Divino nos separamos el uno del otro y el Fiat Divino me dio la fuerza para hacer el sacrificio. Te recomiendo, pues, que en todo lo que puedas, hagas y sufras, el Fiat Divino sea tu primer y último acto. Así, si todo lo encierras en el Fiat Eterno, podrás hallar fuerza para todo, hasta en aquellas penas que te cuestan la vida. Por eso, dame tu palabra de que te encontrarás siempre en la Divina Voluntad, así te sentirás tú también inseparable de mí y de nuestro Sumo Bien.
El alma:
Dulcísima Madre mía, ¡cuánto te compadezco al verte sufrir tanto! Te suplico que derrames en mi alma tus lágrimas y las de Jesús, para reordenarla y encerrarla en el Fiat Divino.
Propósito:
Para honrarme en este día, me darás todas tus penas para hacerme compañía en mi soledad y en cada pena pondrás un te amo para mí y para tu Jesús, para reparar por quienes no quieren escuchar las enseñanzas de Jesús.
Jaculatoria:
« Madre Divina, tu palabra y la de Jesús penetren en mi Corazón y formen en mí el Reino de la Divina Voluntad. »


 MEDITACION VIGESIMO SEXTO DIA
Por Sacerdote Oscar Rodriguez
 

EVANGELIO DEL DIA Y COMENTARIO. 26 DE MAYO DE 2017

Del Santo Evangelio según San Juan 16,20-23a.
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En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo."
La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar.
Aquél día no me harán más preguntas."

Leer el comentario del Evangelio por
San Cesáreo de Arlés (470-543), monje y obispo
Sermón 166

«El Reino de Dios... es justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo»
      ¿Cuál es, hermanos, el verdadero gozo sino el Reino de los cielos? Y ¿qué es el Reino de los cielos, sino Cristo Nuestro Señor? Sé que todos los hombres quieren poseer un verdadero gozo. Pero, se engaña el que quiere ser feliz con sus cosechas sin cultivar su campo; se equivoca el que quiere recoger frutos sin plantar árboles. No se puede poseer el verdadero gozo sin la justicia y la paz... Mientras tanto, respetando la justicia y poseyendo la paz, nos fatigamos durante un corto espacio de tiempo como absorbidos sobre un buen trabajo. Pero después, tendremos un gozo sin fin al final de este trabajo.

      Escucha qué es lo que el apóstol Pablo dice de Cristo: «Él es nuestra paz» (Ef 2,14)... Y el Señor, hablando con sus discípulos, les dice: «Volveré a veros y vuestro corazón se regocijará, y vuestro gozo nadie os lo podrá quitar» ¿Qué es este gozo que nadie os podrá arrebatar sino él mismo, vuestro Señor, que nadie os podrá quitar?

      Examinad, hermanos, vuestra conciencia; si en ella reina la justicia, si queréis, deseáis y anheláis para todos la misma cosa que para vosotros, sabed que el Reino de los cielos, es decir, Cristo el Señor, permanece en vosotros.

**HOY INICIA LA NOVENA POR LA UNCION DEL ESPIRITU SANTO**

NOVENA POR LA UNCION
 DEL ESPIRITU SANTO
       http://www.corazones.org/oraciones/oraciones_espiritu_santo/novena_espiritu_santo.htm
 
Pidamos por una poderosa efusión del Espíritu Santo.
Cristo murió en la Cruz para que nosotros seamos transformados por el Espíritu en hijos de Dios, participando de su santidad. Pero debemos desearlo, pedirlo y disponernos a recibirlo. 

 
PRIMER DIA

Rezar cada día de la novena:
Acto de consagración al Espíritu Santo diario:


Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi Director, mi Luz, mi Guía, mi Fuerza, y todo el amor de mi Corazón.

Me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.

¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús.

Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén.

Oración por los 7 dones del Espíritu Santo
Oh, Señor Jesucristo, que antes de ascender al cielo prometiste enviar al Espíritu Santo para completar tu obra en las almas de tus Apóstoles y discípulos, dígnate concederme el mismo Espíritu Santo para que Él perfeccione en mi alma la obra de tu gracia y de tu amor. Concédeme el Espíritu de Sabiduría para que pueda despreciar las cosas perecederas de este mundo y aspirar sólo a las cosas que son eternas, el Espíritu de Entendimiento para iluminar mi mente con la luz de tu divina verdad, el Espíritu de Consejo para que pueda siempre elegir el camino más seguro para agradar a Dios y ganar el Cielo, el Espíritu de Fortaleza para que pueda llevar mi cruz contigo y sobrellevar con coraje todos los obstáculos que se opongan a mi salvación, el Espíritu de Conocimiento para que pueda conocer a Dios y conocerme a mí mismo y crecer en la perfección de la ciencia de los santos, el Espíritu de Piedad para que pueda encontrar el servicio a Dios dulce y amable, y el Espíritu de Temor de Dios para que pueda ser lleno de reverencia amorosa hacia Dios y que tema en cualquier modo disgustarlo. Márcame, amado Señor, con la señal de tus verdaderos discípulos y anímame en todas las cosas con tu Espíritu. Amén.
 
PRIMER DÍA (viernes) ¡Espíritu Santo! ¡Señor de Luz! ¡Danos, desde tu clara altura celestial, tu puro radiante esplendor!

   El Espíritu Santo

   Sólo una cosa es importante: la salvación eterna. Por lo tanto, sólo una cosa hay que temer: el pecado. El pecado es el resultado de la ignorancia, debilidad e indiferencia. El Espíritu Santo es el Espíritu de Luz, de Fuerza y de Amor. Con sus siete dones ilumina la mente, fortalece la voluntad, e inflama el corazón con el amor de Dios. Para asegurarnos la salvación debemos invocar al Divino Espíritu diariamente, porque “el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros” (Rom 8,26).

Oración

Omnipotente y eterno Dios, que has condescendido para regenerarnos con el agua y el Espíritu Santo, y nos has dado el perdón de todos los pecados, permite enviar del cielo sobre nosotros los siete dones de tu Espíritu, el Espíritu de Sabiduría y de Entendimiento, el Espíritu de Consejo y de Fortaleza, el Espíritu de Conocimiento y de Piedad, y llénanos con el Espíritu del Santo Temor. Amén.

Padrenuestro y Avemaría, una vez. Gloria
 
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