"En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesus quiere de vosotros. No extingais el Espiritu; no desprecies las profecias; examinadlo todo y quedados con lo bueno." 1 TESALONISENCES 5: 18-21

El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca." San Lucas 6:45

QUE LA PRECIOSA SANGRE QUE BROTA DE LA SAGRADA CABEZA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, TEMPLO DE LA DIVINA SABIDURIA, TABERNACULO DEL DIVINO CONOCIMIENTO Y LUZ DEL CIELO Y DE LA TIERRA NOS CUBRA AHORA Y SIEMPRE. AMEN+++

“OH JESUS, CUBREME CON TU INFINITA SANGRE PRECIOSA CADA INSTANTE DE MI VIDA. AMEN"


"Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y

escuchará tu oración. Padre Pio"


jueves, 11 de mayo de 2017

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DECIMO PRIMER DIA.


LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
S.D. LUISA PICARRETA

FIAT ! ! !
DECIMO PRIMER DIA

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Oración a la Reina del Cielo
Para cada día del mes de mayo.

Reina Inmaculada, Celestial Madre mía, yo vengo a tus rodillas maternas para abandonarme como tu querida hija entre tus brazos y pedirte con los suspiros más ardientes en este mes a ti consagrado, la gracia más grande: Que me admitas a vivir en el Reino de la Divina Voluntad. Mamá Santa, Tú que eres la Reina de este Reino admíteme a vivir en él como hija tuya, a fin de que ya no esté desierto, sino poblado de hijos tuyos.
Soberana Reina, a ti me confío a fin de que Tú guíes mis pasos en el Reino del Querer Divino. Teniéndome tomada con tus manos maternas guía todo mi ser para que haga vida perenne en la Divina Voluntad. Tú me harás de Mamá, y como a Mamá mía te hago entrega de mi voluntad a fin de que Tú me la cambies por la Voluntad Divina, y así pueda yo estar segura de no salir de su Reino. Te pido que me ilumines para que yo pueda comprender bien qué significa Voluntad de Dios.

Ave María…
Florecilla del mes: En la mañana, a mediodía y en la tarde, es decir, tres veces al día, ir sobre las rodillas de nuestra Mamá Celestial y decirle: “Mamá mía, te amo; ámame Tú también, da un sorbo de Voluntad de Dios a mi alma y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones bajo tu mirada materna.”
La Reina del Cielo en el reino de la Divina Voluntad.
En sus primeros años de su vida acá abajo, forma un
áncora para hacer surgir en los corazones el día
suspirado de luz y de gracia.
El alma a la Reinita niña:
Heme aquí de nuevo junto a tu cuna Mamita celestial, mi pequeño corazón se siente fascinado por tu belleza, y no sé separar la vista de una belleza tan rara. Cómo es dulce tu mirada, el gesticular de tus manitas me llama para abrazarme y estrecharme a tu corazón ahogado de amor. Mamita santa, dame tus llamas a fin de que quemes mi voluntad y así pueda contentarte viviendo junto contigo de Voluntad Divina.
Lección de la Reina del Cielo:
Hija mía, si tú supieras cómo mi materno corazoncito se alegra al verte junto a mi cuna para escucharme, me siento realmente Reina y Madre, porque teniéndote cercana no soy una Madre estéril ni una Reina sin pueblo, sino que tengo a mi querida hija, que me ama tanto y que quiere que haga con ella el oficio de Mamá y de Reina. Por eso tú eres la portadora de alegría a tu Mamá, mucho más que vienes a mi regazo para que te enseñe a vivir en el reino de la Divina Voluntad; tener una hija que quiere vivir junto conmigo en este reino tan santo, es para tu Mamá la gloria, el honor, la fiesta más grande.
Por eso ponme atención hija mía querida, y Yo continuaré narrándote las maravillas de mi nacimiento. Mi cuna estaba circundada por ángeles que hacían competencia para cantarme cánticos de cuna, como a su Soberana Reina, y como estaba dotada de razón y de ciencia infundida en Mí por mi Creador, hice mi primer deber de adorar, con mi inteligencia y también con mi vocecita de niña balbuceante a la Santísima Trinidad adorable, y fue tanto el ímpetu de mi amor hacia una Majestad tan santa, que sintiéndome languidecer deliraba porque quería encontrarme entre los brazos de la Divinidad para recibir sus abrazos y darle los míos. Entonces los ángeles, para los cuales mis deseos eran ordenes, me tomaron y llevándome sobre sus alas me condujeron a los brazos amorosos de mi Padre celestial. ¡Oh! con cuánto amor me esperaba, Yo iba del exilio, y los pequeños momentos de separación entre Él y yo eran causa de nuevos incendios de amor, eran dones que me preparaba para darme, y Yo encontraba nuevos recursos para pedir piedad, misericordia para mis hijos que viviendo en el exilio estaban bajo los azotes de la divina justicia, y llevada por el amor les decía: “Trinidad adorable, Yo me siento feliz, me siento Reina, no conozco que cosa sea infelicidad y esclavitud, sino sólo vuestro Querer que reina en Mí, son tales y tantas las alegrías, la felicidad, que pequeña como soy no puedo abrazarlas todas, pero en tanta felicidad, una vena de amargura intensa hay dentro de mi pequeño corazón, siento en ella a mis hijos infelices, esclavos de su voluntad rebelde. Piedad Padre santo, piedad, ¡ah! haz completa mi felicidad, estos hijos infelices que llevo más que Madre en mi materno corazón, vuélvelos felices, haz descender al Verbo Eterno sobre la tierra y todo será acordado, Yo no descenderé de tus rodillas paternas si no me das el reescrito de gracia, de modo que pueda llevar a mis hijos la alegre nueva de su Redención.” La Divinidad quedaba conmovida por mis plegarias y colmándome de nuevos dones me decía: “Regresa al exilio y continúa tus plegarias, extiende el reino de nuestra Voluntad en todos tus actos, que a su tiempo te contentaremos.” Pero no me decían ni cuando, ni dónde habría de descender. Por eso Yo partía del Cielo sólo para cumplir la Divina Voluntad, esto para Mí era el sacrificio más heroico, pero lo hacía de buena gana para hacer que Ella sola tuviese el pleno dominio sobre Mí.
Ahora escucha hija mía cuánto me costó tu alma, hasta amargarme el inmenso océano de mis alegrías y felicidad; cada vez que tú haces tu voluntad te vuelves esclava y sientes tu infelicidad, y Yo como tu Mamá siento en mi corazón la infelicidad de mi hija, ¡oh! cómo es doloroso tener hijos infelices, por eso lo que más te debe importar es el hacer la Divina Voluntad, como Yo, que llegaba hasta alejarme del Cielo para que mi voluntad no tuviese vida en Mí.
Ahora hija mía continúa escuchándome, el primer deber en todos tus actos sea adorar a tu Creador, conocerlo y amarlo, esto te pone en el orden de la Creación, y ven a reconocer a Aquél que te ha creado; éste es el deber más santo de cada criatura, reconocer su origen. Ahora tú debes saber que éste mi subir y descender al Cielo, este rogar, formaba la aurora en torno a Mí, que expandiéndose en todo el mundo circundaba los corazones de mis hijos, para hacer que al alba surgiera la aurora, para hacer despuntar el esperado día sereno de la venida del Verbo Divino a la tierra.
El alma:
Mamita celestial, al verte recién nacida y darme lecciones tan santas, yo me siento raptar y comprendo cuánto me amas, hasta volverte infeliz por causa mía. ¡Ah! Mamá santa, Tú que tanto me amas haz descender en mi corazón la potencia, el amor, las alegrías que te inundan, a fin de que llena de ellas, mi voluntad no encuentre lugar para vivir en mí y libremente ceda el lugar al dominio de la Divina Voluntad.
Florecita: Hoy para honrarme harás tres actos de adoración a tu Creador recitando tres Gloria Patri para agradecerle por cuantas veces tuve la gracia de ser admitida a su presencia.
Jaculatoria: Mamá celestial, haz surgir la aurora divina de la Divina Voluntad en mi alma.

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