"En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesus quiere de vosotros. No extingais el Espiritu; no desprecies las profecias; examinadlo todo y quedados con lo bueno." 1 TESALONISENCES 5: 18-21

El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca." San Lucas 6:45

QUE LA PRECIOSA SANGRE QUE BROTA DE LA SAGRADA CABEZA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, TEMPLO DE LA DIVINA SABIDURIA, TABERNACULO DEL DIVINO CONOCIMIENTO Y LUZ DEL CIELO Y DE LA TIERRA NOS CUBRA AHORA Y SIEMPRE. AMEN+++

“OH JESUS, CUBREME CON TU INFINITA SANGRE PRECIOSA CADA INSTANTE DE MI VIDA. AMEN"


"Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y

escuchará tu oración. Padre Pio"


lunes, 22 de mayo de 2017

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. VIGESIMO SEGUNDO DIA

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
S.D. LUISA PICARRETA

 FIAT ! ! !

VIGESIMO SEGUNDO DIA
 
unnamed DIA 22

Oración a la Reina del Cielo
Para cada día del mes de mayo.

Reina Inmaculada, Celestial Madre mía, yo vengo a tus rodillas maternas para abandonarme como tu querida hija entre tus brazos y pedirte con los suspiros más ardientes en este mes a ti consagrado, la gracia más grande: Que me admitas a vivir en el Reino de la Divina Voluntad. Mamá Santa, Tú que eres la Reina de este Reino admíteme a vivir en él como hija tuya, a fin de que ya no esté desierto, sino poblado de hijos tuyos.
 
Soberana Reina, a ti me confío a fin de que Tú guíes mis pasos en el Reino del Querer vino. Teniéndome tomada con tus manos maternas guía todo mi ser para que haga vida perenne en la Divina Voluntad. Tú me harás de Mamá, y como a Mamá mía te hago entrega de mi voluntad a fin de que Tú me la cambies por la Voluntad Divina, y así pueda yo estar segura de no salir de su Reino. Te pido que me ilumines para que yo pueda comprender bien qué significa Voluntad de Dios.

Ave María…   


 

Florecilla del mes: En la mañana, a mediodía y en la tarde, es decir, tres veces al día, ir sobre las rodillas de nuestra Mamá Celestial y decirle: “Mamá mía, te amo; ámame Tú también, da un sorbo de Voluntad de Dios a mi alma y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones bajo tu mirada materna.”


Ha nacido el pequeño Rey Jesús. Los ángeles lo señalan y llaman a los pastores a adorarlo. Cielos y tierra exultan de alegría y el Sol del Verbo Eterno, haciendo su curso disipa la noche del pecado y da principio al pleno día de la gracia. Su morada en Belén.
 
El alma a su Madre Celestial:

 Hoy, Madre Santa, siento un ímpetu de amor que no me deja en paz si no voy a tu regazo materno para encontrar en tus brazos al celestial niñito Jesús. Su belleza me extasía, sus miradas me hieren, sus labios; haciéndome ver que llora, gime y solloza; me arrebatan el corazón para amarlo.
Querida Madre mía, yo sé que tú me amas y por eso te ruego que me hagas un lugarcito en tus brazos para que pueda darle mi primer beso y depositar mi corazón en mi pequeño Rey Jesús y confiarle mis más íntimos secretos que tanto me oprimen; y para hacerlo sonreír le diré: « Mi voluntad es tuya y la tuya mía; por eso, forma en mí el Reino de tu Fiat Divino. »

Lección de la Reina del Cielo:

Querida hija mía, oh, cómo suspiro tenerte entre mis brazos, para tener la gran satisfacción de poder decirle a nuestro pequeño niñito Rey: « No llores hijito mío, mira, aquí con nosotros está mi pequeña hija que quiere reconocerte como Rey y darte el dominio de su alma, para hacer que extiendas el Reino de tu Divina Voluntad en ella. »
Hija de mi Corazón, mientras estás del todo ocupada contemplando al niñito Jesús, pon atención y escúchame.
Tú debes saber que era media noche cuando el pequeño Rey, recién nacido, salió de mi seno materno, pero la noche se transformó en día. El, que era dueño de la luz, disipó la noche de la voluntad humana, la noche del pecado, la noche de todos los males y como señal de lo que hacía en las almas con su habitual Fiat omnipotente, la medianoche se transformó en un día resplandeciente y todas las cosas creadas corrían para elevar sus himnos de alabanza a su Creador encarnado en aquella pequeña humanidad.
El sol corría para darle sus primeros besos de amor al niñito Jesús y calentarlo con su calor; el viento dominante purificaba con sus olas el aire del establo y con su dulce susurro le decía: te amo; los cielos se conmovieron desde sus cimientos; la tierra exultaba y se estremecía hasta en sus abismos; el mar hacía alboroto con sus olas altísimas; en fin, todas las cosas creadas reconocieron que su Creador estaba ya en medio de ellas y todos a cual más elevaban sus himnos de alabanza hacia él.
Los ángeles mismos formando luz en los aires, con una voz llena de melodía que todos podían escuchar, cantaban:
« ¡Gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad! Ha nacido ya el niñito celestial, en la gruta de Belén, envuelto en pobres pañalitos. »
Y los pastores pudieron escuchar aquellas voces angélicas porque estaban velando y corrieron a visitar al pequeño Rey Divino.
Escucha, querida hija mía, apenas recibí entre mis brazos a mi dulce recién nacido le di mi primer beso y mi amor sintió la necesidad de alimentar a mi pequeño Hijo y ofreciéndole mi seno le di de beber abundantemente de mi leche materna, leche que el Fiat Divino había formado en mi persona para alimentar al pequeño Rey Jesús. ¿Quién pudiera decirte lo que sentí y con qué mares de gracia, de amor y de santidad me correspondió mi Hijo? Yo entonces, lo envolví en pobres pero limpios pañalitos y lo recosté en el pesebre: ésta era su Voluntad y yo no podía eximirme de llevarla a cabo. Pero primero quise hacer partícipe al querido San José poniéndolo entre sus brazos, y ¡oh, qué gozo sintió! Se lo estrecho al corazón y el niñito Jesús derramó en su alma torrentes de gracia. Después, junto con San José acomodamos un poco de heno en el pesebre y separándolo de mis brazos maternos lo puse en él. Y yo, extasiada por la belleza del Infante divino, me estaba la mayor parte del tiempo de rodillas ante él y ponía en movimiento todos mis mares de amor que la Divina Voluntad había formado en mí, para amarlo, adorarlo y darle gracias.
Y ¿qué hacía en el pesebre el niñito celestial? Un acto continuo de la Voluntad de nuestro Padre Celestial, que era también la suya; y con gemidos y suspiros llenos de amor, sollozaba y lloraba y llamaba a todos diciendo:
« ¡Vengan todos, hijos míos, por amor a ustedes he nacido al dolor y a las lágrimas! ¡Vengan, vengan todos a conocer los excesos de mi amor! ¡Háganme un lugarcito en sus corazones! »
Hubo entonces un ir y venir de humildes pastores que fueron a visitarlo y a todos los veía con su dulce mirada y su sonrisa de amor que se notaba hasta en sus mismas lágrimas.
Hija mía, ahora unas palabras para ti. Tú debes saber que toda mi alegría era tener en mi regazo a mi querido Hijo Jesús, pero la Divina Voluntad me dio a entender que lo pusiera en el pesebre a disposición de todos, para que quien quisiera pudiera acariciarlo, besarlo y tomarlo entre sus brazos como si fuera suyo. El era el pequeño Rey de todos, así que todos tenían el derecho de sentirse amados por él y de sentirlo suyo; y yo, para darle cumplimiento a la Voluntad Suprema, me privé de mis inocentes sonrisas y comencé a ejercer con las obras y sacrificios mi oficio de Madre de dar a Jesús a todos.
Hija mía, la Divina Voluntad es exigente y quiere todo, incluso el sacrificio de las cosas más santas y, conforme lo exijan las circunstancias, el grande sacrificio de privarse de Jesús mismo; pero esto para extender mayormente su Reino y para multiplicar la vida de Jesús en las almas, porque cuando la criatura se priva de Jesús por amor a él, es tal y tan grande el heroísmo y el sacrificio que hace, que tiene la virtud de producir una vida de Jesús, para así poder formarle otra habitación a Jesús. Por eso, querida hija mía, está atenta y, bajo ningún pretexto, nunca le vayas a negar nada a la Divina Voluntad.

El alma:
Madre Santa, tus lecciones me confunden, pero si quieres que las ponga en práctica no me dejes sola, para que cuando me veas sucumbir bajo el enorme peso de las privaciones divinas me estreches a tu Corazón materno y así yo sienta la fuerza necesaria para jamás negarle nada a la Divina Voluntad.

Propósito:
Para honrarme este día, vendrás por tres veces a visitar al niño Jesús y besándole sus pequeñas manitas le ofrecerás cinco actos de amor para honrar sus lágrimas y consolarlo.

Jaculatoria:
« Madre Santa, derrama las lágrimas de Jesús en mi corazón para que dispongas en mí el triunfo de la Divina Voluntad. »

 
MEDITACION VIGESIMO SEGUNDO DIA
Por Sacerdote Oscar Rodriguez
 

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