"En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios en Cristo Jesus quiere de vosotros. No extingais el Espiritu; no desprecies las profecias; examinadlo todo y quedados con lo bueno." 1 TESALONISENCES 5: 18-21

El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca." San Lucas 6:45

QUE LA PRECIOSA SANGRE QUE BROTA DE LA SAGRADA CABEZA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, TEMPLO DE LA DIVINA SABIDURIA, TABERNACULO DEL DIVINO CONOCIMIENTO Y LUZ DEL CIELO Y DE LA TIERRA NOS CUBRA AHORA Y SIEMPRE. AMEN+++

“OH JESUS, CUBREME CON TU INFINITA SANGRE PRECIOSA CADA INSTANTE DE MI VIDA. AMEN"


"Ora y espera; no te inquietes. La inquietud no conduce a nada. Dios es misericordioso y

escuchará tu oración. Padre Pio"


jueves, 18 de mayo de 2017

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD. DECIMO OCTAVO DIA.

LA VIRGEN MARIA EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
S.D. LUISA PICARRETA

 FIAT ! ! !
DECIMO OCTAVO DIA
 
unnamed Mayo 18
Oración a la Reina del Cielo
Para cada día del mes de mayo.

Reina Inmaculada, Celestial Madre mía, yo vengo a tus rodillas maternas para abandonarme como tu querida hija entre tus brazos y pedirte con los suspiros más ardientes en este mes a ti consagrado, la gracia más grande: Que me admitas a vivir en el Reino de la Divina Voluntad. Mamá Santa, Tú que eres la Reina de este Reino admíteme a vivir en él como hija tuya, a fin de que ya no esté desierto, sino poblado de hijos tuyos.

Soberana Reina, a ti me confío a fin de que Tú guíes mis pasos en el Reino del Querer vino. Teniéndome tomada con tus manos maternas guía todo mi ser para que haga vida perenne en la Divina Voluntad. Tú me harás de Mamá, y como a Mamá mía te hago entrega de mi voluntad a fin de que Tú me la cambies por la Voluntad Divina, y así pueda yo estar segura de no salir de su Reino. Te pido que me ilumines para que yo pueda comprender bien qué significa Voluntad de Dios.

Ave María…   


 

Florecilla del mes: En la mañana, a mediodía y en la tarde, es decir, tres veces al día, ir sobre las rodillas de nuestra Mamá Celestial y decirle: “Mamá mía, te amo; ámame Tú también, da un sorbo de Voluntad de Dios a mi alma y dame tu bendición para que pueda hacer todas mis acciones bajo tu mirada materna.”
La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad en la casa de Nazareth, el cielo y la tierra están por darse el beso de la paz. La hora divina está cerca
 
El alma a su Reina y Madre:

Soberana Madre mía, aquí estoy de regreso para seguir tus pasos. Tu amor me ata y cual potente imán me tiene fija y sumamente atenta a escuchar tus bellísimas lecciones; pero esto no me basta; si me amas como hija, enciérrame dentro del Reino de la Divina Voluntad, donde viviste y vives, cierra la puerta, de manera que aunque llegue a quererlo nunca más pueda volver a salir de él. De este modo tanto tú como yo viviremos en común y las dos seremos felices.
Lección de la Reina del Cielo:
Querida hija mía, ¡si tú supieras cuánto anhelo tenerte encerrada en el Reino de la Divina Voluntad! Cada una de las lecciones que te doy es un cárcel que formo para impedirte la salida, es una fortaleza para amurallar tu voluntad, para que así puedas comprender y quieras mantenerte bajo el dulce dominio del Fiat Supremo. Por eso, está atenta y escúchame, porque estas lecciones no son otra cosa que los trabajos que hace tu Madre para seducir y cautivar tu voluntad y hacer que la Divina Voluntad triunfe en ti.
Y ahora, mi querida hija, escúchame; yo partí del templo con el mismo entusiasmo con el que entré y sólo para darle cumplimiento a la Divina Voluntad. Regresando a Nazareth  yo ya no habría encontrado a mis queridos y santos padres, sólo San José me acompañaba; Yo lo veía como un ángel que Dios me había dado para custodiarme, aunque eran legiones de ángeles las que me acompañaban. Durante el viaje todas las cosas creadas se inclinaban con reverencia ante mí para honrarme y yo, agradeciéndoles, le di a cada una mi beso y mi saludo de Reina; y así llegamos a Nazareth.
Tu debes saber que San José y yo nos mirábamos con recato y sentíamos nuestro corazón en ansia, porque el uno quería hacerle saber al otro que estábamos atados a Dios con voto de virginidad perenne, hasta que finalmente se rompió el silencio y ambos manifestamos nuestro voto. ¡Oh, qué felicidad sentimos! Dándole gracias a Dios prometimos vivir juntos como hermanos. Yo lo atendía con esmero; nos mirábamos con veneración, y la aurora de la paz reinaba en medio de nosotros. ¡Oh, si todos se miraran en mí como en un espejo y me imitaran! Yo me adaptaba muy bien a la vida común y corriente y no dejaba que se vislumbraran en nada los grandes mares de gracia que yo poseía en mí.
Escucha, hija mía; en la casa de Nazareth yo me sentía más que nunca enardecida y rogaba que el Verbo Divino viniera sobre la tierra. La Divina Voluntad que reinaba en mí, no hacía más que revestir todos mis actos de luz, de belleza, de santidad, de potencia; yo sentía que formaba en mí el reino de la luz, pero de la luz que surge siempre, el reino de la belleza, de la santidad y de la potencia que siempre crece. De manera que todas las cualidades divinas que el Fiat Divino iba extendiendo en mí con su Reino me daban la fecundidad. La luz que me invadía era tanta, que mi misma humanidad quedaba talmente embellecida y revestida de este sol de la Divina Voluntad, que no hacía más que estar dando flores celestiales. Yo sentía que el cielo bajaba hasta mí y que la tierra de mi humanidad subía, y el cielo y la tierra se abrazaban, se pacificaban y se daban el beso de la paz y del amor. La tierra se disponía a producir el germen para formar al Justo, al Santo; y el cielo se abría para hacer descender al Verbo en este germen. Yo no hacía más que ir y venir de la tierra a mi patria celestial para arrojarme entre los brazos paternos de mi Padre Celestial; y le decía de corazón:
« Padre Santo, no puedo más, me siento incendiada, y mientras ardo, siento una fuerza potente en mí que quiere vencerte; con las cadenas de mi amor quiero atarte para desarmarte, para que no tardes más: sobre las alas de mi amor quiero transportar al Verbo Divino del cielo a la tierra. »
Y le suplicaba llorando que escuchara mi oración.
La Divinidad, vencida por mis lágrimas y oraciones me consolidó diciéndome:
« Hija mía, ¿quién puede ponerte resistencia? Has vencido, la hora de Dios está cerca. Mientras tanto regresa a la tierra y sigue haciendo tus actos en la potencia de mi Voluntad Divina; por medio de ellos todos quedarán conmovidos y el cielo y la tierra se darán el beso de la paz. »
Pero a pesar de todo todavía no sabía que yo iba a ser la Madre del Verbo Eterno.
Hija querida, escúchame y comprenderás lo que significa vivir de Voluntad Divina. Yo, viviendo de la Divina Voluntad, formé el cielo y su Reino Divino en mi alma; y si yo no hubiera formado en mí este Reino, el Verbo Eterno jamás habría podido descender del cielo a la tierra; si lo hizo, fue porque en mí encontró su Reino que la Divina Voluntad había formado en mí, encontró su cielo, sus alegrías divinas; jamás el Verbo habría descendido en un reino extraño. ¡Ah, no! Quiso primero formar su Reino en mí y así descender como vencedor en su Reino; y no solamente esto, sino que viviendo siempre de Voluntad Divina yo adquirí por gracia lo que Dios es por naturaleza, es decir, la fecundidad divina, para poder formar, sin la obra del hombre, el germen por medio del cual poder hacer germinar en mí la humanidad del Verbo Eterno. ¿Qué es lo que no puede hacer la Divina Voluntad cuando obra en una criatura? Todo puede y todos los bienes posibles e imaginables.
Por eso, si quieres imitar a tu Madre y hacerla feliz, la única cosa que te debe interesar es que todo en ti sea Voluntad Divina.
El alma:
Madre Santa, si tú lo quieres, puedes; como tuviste poder para vencer a Dios hasta hacerlo descender del cielo a la tierra, no te faltará poder para vencer mi voluntad, para que ya no pueda volver a tener vida; en ti pongo toda mi esperanza, de ti obtendré todo.

Propósito:
 
Hoy, para honrarme, vendrás a visitarme a la casa de Nazaret y me darás todos tus actos como un homenaje tuyo para que los una a los míos y los convierta en Voluntad Divina.

Jaculatoria:
« Emperatriz Celestial, besa mi alma con el beso de la Voluntad de Dios. »

 
Por Sacerdote Oscar Rodriguez
 

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